
No necesitas eliminar los pensamientos, solo cambiar la forma de relacionarte con ellos.
Intentar no pensar… y lo que pasa
Hay algo curioso que pasa con la mente.
Cuanto más intentas no pensar en algo…
más aparece.
No hace falta que sea algo grande.
A veces es una conversación.
Una preocupación pequeña.
Un pensamiento que se repite.
Y entonces haces lo que parece lógico:
intentas quitártelo.
Pero ahí empieza la lucha.
Una pequeña experiencia
Te propongo algo muy simple.
Piensa durante unos segundos
en algo que te haya molestado esta semana.
No el gran drama.
Algo pequeño.
(pausa)
Ahora observa qué pasa en tu cuerpo.
¿Se tensa algo?
¿Se activa algo?
(pausa)
Y ahora prueba esto:
Durante 10 segundos
intenta no pensar en eso.
Como si le dijeras a tu mente:
“no quiero pensar en esto ahora”.
Intenta borrarlo.
Haz el esfuerzo de que desaparezca.
(pausa real)
¿Qué ha pasado?
A la mayoría nos pasa lo mismo.
El pensamiento vuelve.
O incluso aparece más fuerte.
Lo que suele pasar
Y aquí hay algo importante.
El problema no es que ese pensamiento esté.
Es lo que hacemos cuando aparece.
Intentar eliminarlo.
Controlarlo.
Hacer que desaparezca.
Pero no funciona así.
Es un poco como decirle al corazón
que de 9 a 10 no lata.
No tiene sentido.
La mente, como el corazón,
está en movimiento.
Y cuanto más intentamos pararla…
más se nota.
Cuanto más empujamos…
más vuelve.
No todo lo que piensas es verdad
Y además pasa otra cosa.
No solo intentamos que el pensamiento se vaya.
También lo tratamos como si fuera una realidad.
Como si pensar algo
fuera lo mismo que que sea verdad.
Y desde ahí…
todo pesa más.
Una forma diferente de mirarlo
Prueba esto, ahora o cuando tengas un momento:
Piensa en ese mismo pensamiento.
Y en lugar de decir:
“esto es así”
añade delante:
“Estoy teniendo el pensamiento de que…”
Por ejemplo:
“Estoy teniendo el pensamiento de que no llego a todo”
Repite la frase despacio.
Y observa.
No estás quitando el pensamiento.
Solo estás cambiando la relación con él.
Un pequeño ejercicio
Coge papel.
Escribe durante 3 minutos, sin pensar mucho:
- Un pensamiento que se te repite últimamente
- Qué haces normalmente cuando aparece
- Y cómo te hace sentir esa lucha
Después, escribe la misma frase empezando por:
“Estoy teniendo el pensamiento de que…”
Y añade debajo:
¿Qué cambia al decirlo así?
(No hace falta que cambie todo. Solo observa.)
Para terminar
Y quizá no se trata de que ese pensamiento desaparezca.
Sino de dejar de luchar con él
y ver qué pasa
cuando le haces un poco de espacio.
No necesitas vaciar la mente.
No necesitas ganar la pelea.
A veces,
solo es empezar a ver los pensamientos
como lo que son:
palabras que aparecen.
Y aprender, poco a poco,
a no obedecerlas siempre.