Lo que aprendimos en mayo en Gaiara

Lo que aprendimos en mayo en Gaiara

Mujer sentada de espaldas junto a un río, observando el agua en un momento de calma y presencia.
A veces volver a nosotras empieza así: una pausa, una respiración y la corriente siguiendo su camino.

Presencia mindfulness para mujeres

Había una vez una mujer que siempre iba un poco deprisa.

No corría porque quisiera escapar.
Corría porque pensaba que, si hacía las cosas bien, si llegaba a tiempo, si resolvía lo pendiente y ordenaba el ruido… entonces podría descansar.

Y así pasaban los días.

Una mañana, antes incluso de saludar al sol, abrió el móvil como quien abre una puerta conocida.
Pero justo antes de tocar la pantalla recordó algo.

Tres respiraciones.

Una.

Dos.

Tres.

Nada cambió y, sin embargo, algo .

El aire entró.
El aire salió.
Y durante un instante pequeño —tan pequeño que casi se escapó— se dio cuenta de que ella también estaba allí.

Aquella misma tarde caminó hasta el río.

No era un río extraordinario.
Tenía piedras torcidas, ramas cansadas y agua que seguía su camino sin pedir permiso.

Se sentó cerca y vio una hoja caer.

La hoja no discutía con la corriente.
No preguntaba cuánto faltaba.
No intentaba ser otra hoja más preparada o más perfecta.

Solo flotaba.

La mujer observó aquello y sonrió un poco.

Porque ella sí llevaba meses discutiendo con su propia corriente.

Entonces hizo algo extraño.

No meditó durante horas.
No buscó grandes respuestas.

Solo miró.

El brillo del agua.
El frescor del aire en la nariz.
El sonido lejano de un perro.
La presión de sus pies sobre la tierra.

Y el mundo, que seguía siendo exactamente el mismo, empezó a parecerle más habitable.

Al día siguiente decidió llevar pequeños amarres invisibles en los bolsillos.

No eran amuletos.

Eran recuerdos.

El calor de la taza entre las manos.
La primera respiración antes del móvil.
El olor del jabón.
La textura de la ropa.
El sonido de una puerta al cerrarse.

Microanclas, las llamó.

Pequeñas maneras de volver.

Descubrió entonces algo que nadie le había contado:

que la presencia no era un lugar al que llegar,
ni una versión mejor de sí misma.

Era esto.

El instante sencillo al que podía regresar una y otra vez.

Como la hoja.
Como el río.

Y desde aquel día siguió teniendo tareas, dudas y días revueltos.
Pero ya no necesitó correr para encontrarse.

Porque comprendió algo muy suave y muy verdadero:

no hace falta ir más rápido para llegar a ti. 🌿

Gaiara

¿nos vemos en los comentarios?

Me gustaría conocer tu opinión acerca de este artículo y qué te ha parecido.

 

2 respuestas

  1. Cambiar nuestra mirada ante las cosas es realmente liberador, personalmente me ayuda tener diferentes puntos de vista porque probablemente lo que he pensado toda la vida no sea así. Las microanclas me han encantado, ahora las utilizo y les doy significado!

    1. Hola, Ericka, gracias por leerlo y contestarme.
      Lo que has dicho es muy importante, tener diferentes puntos de vista y ser flexibles con lo que pensamos nos libera un montón.
      Me alegra que las microanclas te hayan gustado, las, llamadas, pequeñas cosas, son muy importantes para nuestro día, yo tengo fotos de mis padres, hijos, nieto y mías con caras alegres que me suben los ánimos y me llevan a sonreír.

      Nos vemos, si te apetece, el miércoles 17 en el próximo taller de Gaiara,

      Un abrazo de corazón.

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Mercedes Lorenzo creadora de SeTuHoy talleres mindfulness

Soy Mercedes, artesana de las emociones. Acompaño a mujeres a vivir con más calma y autenticidad.

Y quiero darte la bienvenida a mi blog, donde encontrarás un montón de artículos  en los que compartiré contigo lo que he aprendido desde la experiencia, cursos, práctica y quererme un montón.