Aquí no venimos a «contar penas»,
sino a aprender a sostenernos con serenidad.
Como en la metáfora del agua:
cuando dejamos de chapotear en la superficie,
cuando soltamos la lucha,
descubrimos algo esencial.
Descubrimos que podemos flotar.
Que la calma siempre estuvo disponible,
esperándonos justo debajo del ruido.